El verdadero encanto del cine y la literatura no radica en las cifras de taquilla ni en los récords de ventas, sino en las historias que nos cuentan, en los mensajes que transmiten y en la manera en que logran conmovernos. Muchas veces, las obras más especiales no son las que dominaron el mercado, sino aquellas que, con sencillez y profundidad, nos hablan directo al corazón.
El Gigante de Hierro es un ejemplo perfecto que resume lo anteriormente dicho. Esta película de animación y ciencia ficción se estrenó en 1999, fue producida por Warner Bros., dirigida por Brad Bird y se basó en el libro ´´El Hombre de Hierro´´, del escritor y poeta inglés Ted Hughes. La historia se desarrolla en el pueblo de Rockwell, en el estado de Maine, Estados Unidos, en 1957, durante la guerra fría y sigue la relación que entabla un niño de nueve años llamado Hogarth Hughes con un robot gigante que ha caído del espacio. Hogarth vive con su madre, la cual es madre soltera y tiene que trabajar dobles turnos como camarera para poder pagar las cuentas, debido a lo cual, pasa mucho tiempo solo y una noche, luego de un apagón general, conoce a un robot gigante, que resulta ser el causante de dicho apagón. El Gigante y Hogarth se hacen amigos y este último le va enseñando poco a poco al visitante como es la vida en la tierra y como la muerte es parte de la vida, más quitar una vida no lo es.
El Gigante va aprendiendo minuto a minuto cómo funciona la vida y la belleza de lo que lo rodea, absorbiendo cada frase, cada instante y cada momento, maravillándose y también horrorizándose ante hechos que para cualquier otro podrían ser algo normal, parte del paisaje, pero no para alguien que recién está descubriendo el mundo.
Y aunque no recuerda nada sobre él, pues al parecer sus circuitos se dañaron durante la caída, comienza a experimentar recuerdos recurrentes y destellos de violencia. Cuando un paranoico agente del FBI llamado Kent Mansley aparece en escena, obsesionado con encontrar al monstruo de hierro gigante visto en la zona, Hogarth, junto al artista Dean McCoppin, se da a la tarea de proteger a su nuevo amigo. Al hacerse evidente su presencia y ser descubierto, el ejército de los Estados Unidos se dirige a Rockwell con la intención de destruir al robot, considerado una amenaza. Durante todo este proceso, el Gigante de Hierro recuerda para qué fue diseñado: para matar, fue creado como una perfecta máquina asesina y se da cuenta del daño que puede causar con su poder y tecnología y justamente la magia de la película radica en cómo, a pesar de haber sido diseñado como un arma de guerra, el Gigante rechaza su propósito original y elige seguir un camino diferente y en un acto de libre albedrío y autoconsciencia, decide sacrificarse para salvar a Hogarth, al pueblo de Maine y al ejército militar que lo quería destruir, demostrándonos y siendo uno de los mensajes más poderosos de la cinta: que incluso una máquina, puede elegir la paz sobre la destrucción.
Esta película, a pesar del bajo rendimiento en taquilla (recaudó unos 31 millones de dólares, frente a los 50 millones que costó su realización), recibió elogios por parte de la crítica especializada, tanto por su historia, como por su animación y personajes y con el paso del tiempo, pasó de ser un fracaso en taquilla a ser una película de culto.
PERO ¿QUÉ TANTO HAY DE REAL EN LA HISTORIA DEL GIGANTE DE HIERRO?
Luego de todo esto, ustedes se preguntarán qué tiene de real esta historia: una máquina alienígena diseñada para matar que entabla amistad con un humano; y tienen razón, no es una historia real y es que la veracidad de la historia no está en la trama de la película, ni del libro, sino en lo que inspiró la realización de ambos. Y comenzaremos con el libro. ´´El Hombre de Hierro´´ o ´´The Iron Man: A Children´s Story in Five Nights´´ como es su nombre en inglés, es una novela de ciencia ficción y aventuras publicada en 1968, que narra la historia de un hombre de hierro de origen desconocido que provoca una ola de destrucción sobre un campo de Inglaterra, hasta que inicia una amistad con un niño pequeño y lucha luego contra un dragón gigantesco proveniente del espacio exterior para proteger el mundo que comenzaba a conocer. La historia verídica radica en los motivos por los que el libro fue escrito. Y es que Ted Hughes, el autor, lo escribió para consolar a sus dos hijos, los cuales habían perdido a su madre, la poetisa y escritora norteamericana Sylvia Plath, quien se había suicidado en 1963.
Con respecto a la película, la historia detrás de su producción, aun siendo diferente en cuanto a circunstancias, es algo parecida, pues está relacionada también con una pérdida. Cuando al director Brad Bird (conocido por tener en su haber, filmes como Los Increíbles 1 y 2, Ratatuille y Misión Imposible: El protocolo Fantasma, entre otras) le llamaron para ofrecerle su primer filme animado, lo aceptó con la condición de que le dieran licencia para tomarse ciertas libertades con el guion, bajo la premisa y es esta la parte que más me emociona y conmueve: ¨Qué tal si un arma tuviera alma y no quisiera ser un arma¨. Detrás de esto se escondía una triste y poderosa historia y es que la hermana mayor de Brad, Susan Bird, había sido víctima de violencia doméstica y en 1989, diez años antes de la realización del filme había sido asesinada por su esposo, quien le disparó con un arma de fuego. De ahí que Bird decidiera ajustar el guion de la cinta para incluir un mensaje sobre la violencia armada y que dedicara la película a la memoria de su hermana. En una ocasión él mismo relató el porqué de la profundidad de esta producción y por qué había significado tanto para él, declaró a los medios y cito: ‘Mi hermana Susan, a la que amo mucho y de la que era muy cercano, murió a causa de la violencia armada. Sin sentido fue asesinada por su esposo. Estaba devastado. Cuando le disparas a alguien, no sólo matas a esa persona, estás matando una parte de la gente que ama a esa persona’.
Varios son los mensajes y enseñanzas que nos regala El Gigante de Hierro. No es solamente una historia de amistad, es una historia de conciencia, donde se explora la capacidad que tenemos todos de ser algo más, incluso cuando creemos que sólo podemos hacer o ser aquello para lo que fuimos creados o aquello que esperan los demás que seamos. Es una exploración profunda de la capacidad humana para trascender su destino y nos enseña que no estamos atados a un propósito inmutable, que no somos meros engranajes de un sistema que dicta quiénes debemos ser o qué debemos hacer. ¿Se imaginan por un instante que las armas tuvieran almas y se negaran a cumplir el propósito para el que fueron creadas? ¿Tienen idea de en qué clase de mundo podríamos llegar a vivir? ¿Qué clase de realidad podríamos construir si la violencia dejara de ser un destino impuesto? Y sí, sé que suena utópico, porque tal vez un arma no pueda llegar nunca a tener alma o decisión propia, pero el ser humano sí y ahí está el otro conmovedor y doloroso mensaje que nos entrega esta cinta: Si un arma, puede llegar a decidir y negarse a dañar, por qué muchos seres humanos no.
Gracias por llegar hasta aquí. Espero hayan disfrutado de estas historias detrás del relato. Si ya vieron la película o leyeron el libro, déjenme en los comentarios sus opiniones y si no han hecho ni una cosa ni la otra y lo que leyeron les motivó a hacerlo, espero lo disfruten e igual déjenme saber qué les pareció.
Si quieren recibir las notificaciones sobre las próximas historias escondidas tras las historias, hagan clic en el botón de Seguir 👇y así se mantendrán actualizados. Hasta un próximo episodio de La Historia Tras El Relato.






0 Comentarios